El viernes por la noche en Madrid, cerca de Preciados ya eran visibles las carpas de Sol y las grandes pancartas que anunciaban la lucha, informa El País. La plaza se encuentra en el centro de protestas masivas que exigen una vivienda digna, en una España que el periódico describe como convulsionada y harta de precios prohibitivos y desalojos.
El artículo muestra una ciudad laberíntica ensamblada en sólo unas pocas horas, con sus propias calles y plazas, asambleas espontáneas y puntos de atención y salud. Lo que hasta ahora había sido una crisis estadística (una urgencia expresada sólo desde los púlpitos políticos) se ha convertido en un conflicto respaldado por millones de personas, según el informe.
Entre la multitud, un anciano de voz ronca, cabello blanco, nariz y barbilla casi juntas, predicaba el fin del mundo. Su nombre es Héctor, es ecuatoriano y estuvo junto a lo que el periódico llama la zona cero de las protestas, instando a la gente a regresar a Dios.
“Los tiempos finales siempre son tiempos peligrosos”, le susurró Héctor al periodista. “Tiempos incivilizados”.
Consultado sobre su opinión sobre lo que estaba sucediendo en Sol, Héctor, acompañado por una mujer llamada Noemí, le pidió que le mostrara al periodista algunos textos de Timothy, informa El País.
Héctor concluyó que lo primero que deben hacer las personas es arrepentirse y volver a Dios. Luego se despidió con una sonrisa y volvió a los gritos.

